«De mayor quiero ser pequeño», escuché un día decir a Roberto Oliván (Tentenublo Wines). Es el camino por el que también ha decidido optar Jorge Muga, que se ha 'mudado', aunque dentro del Barrio de la Estación de Haro, para poner en marcha un proyecto personal con el que ha comenzado de cero: «Muga se había convertido en una bodega muy compleja; cada día tocaba menos viñedo y menos vino y, cada día también, hacía una labor más de gerencia». «Pero yo no sé de administración, sino de uva y de vino, así que decidí que había que cambiar de vida», explica.
Jorge Muga es probablemente una de las personas que mejor conoce los viñedos y los vinos de Rioja. Estuvo al frente de la viticultura y enología de la bodega familiar de Haro hasta la cosecha de 2016 y, aunque luego continúo durante unos años como asesor externo, delegó en su hermano Isaac con un nuevo equipo de apoyo, la dirección de la viticultura y enología.
Mientras tanto reacondicionó bodegas Ibaiondo, ahora TIHOM –el vínculo del vino con el hombre, etimológicamente–, que da nombre a los vinos que firma Jorge Muga: «No fue fácil porque quería lagos abiertos de hormigón para elaborar y tuvimos que utilizar una sierra de diamante, que ahora está en mis etiquetas y en la fachada, para cortar los depósitos, una auténtica locura pero que me permite elaborar los vinos a mi gusto, con mucha fruta y muy poco peso de la madera en el conjunto», recuerda.
Jorge Muga ha irrumpido en el mercado con cuatro vinos, dos blancos –de alta y gama media–, un tinto y un rosado: «Quería sorprender, hacer algo distinto con la idea de demostrar las extraordinarias posibilidades de Rioja». En el caso del tinto, el peso del vino está en el mazuelo y el graciano, casi un 70%, con tempranillo y garnacha: «De momento trabajo con viñedos de la zona de Haro y el mazuelo y el graciano son delicados porque para madurar en esta zona necesitan producciones bajísimas, pero dan vinos con mucha personalidad».
En el caso del blanco, el viticultor ha apostado por la garnacha blanca y la maturana, junto con un poco de viura: «La maturana es una bomba y combina de lujo con la garnacha blanca». «El TIHOM Blanco –continúa– es mi vino de más alta gama y, de hecho, es ahora cuando estamos empezando a hacer grandes vinos blancos en Rioja; creo que la próxima revolución de Rioja vendrá de la mano de los blancos».
En su portfolio no podía faltar un rosado, un 100% garnacha, un tipo de vino con el que creció y que también elaboró en Muga: «Hago muy poquito, unas pocas botellas pero no podía perder las buenas costumbres», responde entre risas.
Jorge Muga elabora entre 40.000 y 50.000 botellas al año: «Vendo directamente a restaurantes y trabajo con unos pocos distribuidores, sobre todo del norte, porque de momento no quiero entrar en grandes ciudades, ya que la producción es muy pequeña». «Los vinos, tanto el TIHOM blanco como tinto, tienen mucho recorrido por delante, pero los bancos se empeñan en cobrar, así que tengo que sacarlos al mercado antes de lo que me gustaría, por lo que con el blanco hago un poco más para poder guardar algunas botellas».
Aunque al viticultor le ha pillado de todo –pandemia, sobrecostes de materiales, inflación...– TIHOM avanza con paso firme: «Nunca será una bodega de volumen, pero en el futuro sí me gustaría hacer algún tempranillo, trabajar con alguna garnacha chula de Tudelilla..., es decir, hacer algún vino más 'convencional', pero de momento quería sorprender con estas variedades minoritarias y la verdad es que no me puedo quejar».
El Barrio de la Estación de Haro ya acoge un nuevo vecino, ilustre por cierto, y un extraordinario conocedor de Rioja, de sus viñas y de sus vinos.




